|
Es verdad que la innovación es una de esas palabras de moda, de la que todo el mundo habla... hasta el punto de que ha perdido parte de su valor. Además existe la tendencia equivocada de confundirla con tecnología, costosa y compleja, cuando no tiene porqué ser ni una cosa ni la otra.
Todos sabemo s que el cliente se ha convertido, hoy, en el recurso más escaso de todos. No sabemos dónde buscarlo, ni cómo hacer que entre en nuestra tienda, que vuelva, y que nos recomiende a sus amigos y familiares. Si queremos vender más y mejor tenemos que innovar.
¿Pero en qué? Pues en la forma en que nos relacionamos con el cliente. Porque el cliente que entra por nuestra puerta ya no es el mismo que la persona que entraba hace 10, 5 o incluso 2 años. Ha cambiado.
Podemos innovar en la publicidad, en el trato al cliente, en la logística, en las ofertas, en los escaparates, en la experiencia de compra... pero es vital que esa innovación cumpla dos requisitos: que tenga valor y utilidad para el cliente (lo que implica conocer muy bien sus necesidades y preferencias, que no es fácil), y que esa innovación sea rentable para el comercio. La tecnología es una herramienta más, y muy útil, porque nos permite competir con los grandes en muchos aspectos, pero por encima de la tecnología está una filosofía y una forma de hacer.
"La innovación, al igual que la memoria,
hay que ejercitarla..."
Y es que la innovación es sobretodo una actitud, y por eso hay que que ejercitarla, como la memoria. Si un comercio empieza a innovar, aunque sea en las pequeñas cosas, cada vez le resultará más fácil. Porque los comercios diferentes, los comercios con éxito, son aquellos que se preocupan por averiguar las cosas realmente importantes para sus clientes, y que actúan para descubrir nuevas maneras de ofrecer esos pequeños detalles que tanto agradecen, haciendo de la innovación y del aprendizaje una rutina en su día a día.
Maurien Martínez
Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
|